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Olga Breeskin carrera
Espectáculos México
21 de Abril del 2020 por Fernanda Jaúregui / @TVNotas / Foto: Archivo TVNotas

Olga Breeskin nos cuenta como pasó del éxito a los excesos

Olga Breeskin, ahora a sus 68 años, se dedica a practicar el crstianismo.

 

Pese a ser una de las mujeres más guapas y famosas de la década de los 70 y 80, a Olga Breeskin, de 68 años, la fama le llegó a muy temprana edad, lo que la llevó a tener graves problemas; sobre todo aquellos relacionados con los hombres, el dinero, las adicciones y hasta con su propia familia.

Recordando us mejores años, la exvedette nos abrió su corazón y habló con nosotros sobre las difíciles experiencias que ha tenido que superar.

-¿Cómo recuerda su infancia?

“Tuvo cosas bonitas y a la vez tristes. Nosotros vivíamos todos amontonados en casa de la abuela, quien le dio hospedaje a todas sus hijas, con todos sus hijos y esposos. En ese momento, para mí era muy divertido, ya que yo jugaba nada más e iba a escuela , entonces sentía que todos éramos iguales, que todos teníamos el mismo dinero”.

 

Olga Breesikin vedette famosa mexicana

-¿En qué momento supo la diferencia de clases sociales?

“Pues yo tenía como 7 años, ahí todo cambió; mi mamá logró que me aceptaran en el Colegio Lestonnac, que era religioso, pero de puras niñas con familias de dinero. Ahí me di cuenta de que había ricos y había pobres, y no me gustó el contraste”.

-¿Sufrió burlas?

“No, en ese entonces yo salía en televisión tocando mi violín en programas infantiles, por lo que mis compañeras pensaban: ‘La niña que estaba ayer en la tele tocando el violín, ahorita está en mi escuela’, entonces me volví muy popular en el colegio”.

-¿Cuándo el violín se volvió su trabajo?

“Cuando nací, mi padre tenía 60 años; así que a mis 12, mi papá ya estaba muy grande y la situación económica se empezó a poner muy complicada; él me enseñó a tocar el violín y me preparó para que yo pudiera tocar y así ganar algo de dinero para la casa. Cuando mi papá murió, yo ya estaba preparada para ganarme la vida”.

 

 

-Debió ser un gran golpe para usted...

“Sí, murió en el hospital por neumonía; me dolió muchísimo, pero no pude llorarle bien porque había que sacar a la familia adelante; mi mamá ahora dependía de mí y de mi hermano Elías, así que nos pusimos a trabajar en un restaurante para gente rica y famosa”. 

-¿Ahí la descubrió Raúl Velasco (q.e.p.d.)?

“Sí, un día fue Raúl Velasco y me dijo: ‘El domingo te espero en mi programa, pero sin tu hermanito’, y ahí cambió mi vida, pues me hizo la vedette de México”.

-¿Elías qué le dijo?

“A la fecha, todavía no me lo perdona, porque él piensa que era cosa mía, pero sabe que él era muy irresponsable, él mismo se dejó fuera de esta oportunidad”.

Violinista famosa mexicana Olga Breeskin

-Le iba muy bien en cuestión de fama y dinero, pero ¿se sentía completa?

“Yo pensé que empezando a comprar joyas, a tener trabajo de sobra, me iba a sentir plena. Me llegó muy rápido la popularidad y no la supe manejar, me volví vanidosa, orgullosa y soberbia, me convertí en todo lo que mi mamá, como mujer conservadora, odiaba; pero le decía: ‘Yo prefiero ser rica a ser una muerta de hambre’”.

-¿El vacío que intentaba llenar era el de la violación que sufrió a los 17 años?

“Probablemente; era una niña que intentaba llevar el sustento a su casa, pero un empresario se aprovechó de mí. Eso me hizo tener una ira muy grande contra los hombres para sacarles provecho y ventaja”.

-¿Y qué consiguió sacándole provecho a los hombres?

“Alhajas, coches último modelo, empecé a sacar casas más grandes cada vez, viajes, lujos, cosas que yo no conocía. Nunca me imaginé que yo iba a vivir en una casota con sirvientes, y menos tener chofer”.

-¿Era selectiva con los hombres?

“Claro, mantenía romances largos de uno o dos años; nunca fueron acostones, ésos nunca los practiqué porque me daba asco y miedo, pero sí practicaba la prostitución elegante. Elegía muy bien al galán, que fuera una persona limpia, que no fuera cualquier chancludo; me cuidaba mucho y usaba mis anticonceptivos para no embarazarme”.

-¿Se arrepiente de ello?

“Pues sí, porque vivía para profanar mi cuerpo con licor, cocaína, sexo ilícito, todo lo contrario a lo que ahora hago. Todo eso fue el reflejo de la carencia, falta de vida espiritual. Mi mamá me dio la espalda; me dijo: ‘Yo no tengo hijas perdidas; en otras palabras, me quiso decir prostituta, y agregó: ‘Sigue con tu vida, pero ¿sabes qué?, algún día lo vas a pagar’”.

-¿Qué sintió cuando escuchó esas palabras?

“Para mí fue horrible escuchar que mi mamá estaba decepcionada de mí, pero ella tenía una hija perdida que amaba el dinero”.

-¿Cuándo probó por primera vez el alcohol?

“Cuando entré al ambiente artístico, luego luego me ofrecieron. Recuerdo que el primer trago me supo horrible, sentí que se me quemaba la garganta; en el segundo ya me quemó menos y ya después me sabía a agua”.

-¿Y la cocaína?

“Ahí mismo, en el ambiente, me la regalaban, nunca compré ni un solo gramo”.

-¿Cómo logró dejar las drogas?

“Es una historia muy bonita. Cuando fue el bautizo de Cristian Castro, yo era su madrina, llegué y sentí vergüenza, porque lo tenía a él tomado de mi mano y estaba drogada. Al verlo, me dije: ‘No es justo que tenga una madrina adicta; Señor, por favor, ayúdame’, y ése fue el último día que probé la cocaína”.

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-¿Hoy cómo es su relación con Verónica?

“No nos vemos mucho, pero sí hablamos; es como una hermana para mí”.

-¿Por su hijo no dejó sus otros vicios?

“No hay nada que ame más en el mundo que a mi hijo, él es mi razón de vivir, pero en ese entonces el dinero todavía me deslumbraba y muchas veces el licor y el dinero van de la mano”.

-¿No quiso volverse a casar?

“No, aunque cuando llegué a vivir a Las Vegas, un hombre me propuso matrimonio, pero no quise porque me di cuenta de que era un mafioso, sin embargo, le había firmado un contrato para estar con él durante varios años y tenía que vivir con él, por lo que no podía ver a mi hijo más que sólo los domingos”.

Ex vedette Mexicana Breeskin

-¿La amenazó?

“Todo el tiempo: ‘Si me dejas, estás muerta’. Después de escuchar esas palabras, no me quedaban ganas de irme, me daba mucho miedo, principalmente por mi hijo”.

-¿Su hijo la vio alcoholizada?

“¡Uy, sí! Cuando estaba con el mafioso, sólo un día a la semana podía verlo, y yo llegaba en esas condiciones. Mi hijo sufrió esos años en silencio y, aunque nunca me reclamó, le pedí perdón porque la avaricia me ganó y pude haberle fallado como madre”.

-¿Cómo se separó de él?

“Una vez, me dijo que invitara al artista más importante de México para un espectáculo y yo invité a Juan Gabriel, porque él tenía una gran carrera y era mi amigo; el día del espectáculo, Juanga simplemente no se presentó, entonces el mafioso perdió mucho dinero y a mí me despidió por esa situación”.

-Sin querer, Juan Gabriel la ayudó...

“Sí, pero eso me costó mi amistad con él. El mafioso lo demandó y Juan Gabriel quería que yo atestiguara a su favor, pero yo me negué porque no me quería meter en problemas; eso lo tomó muy mal y nunca me lo perdonó”.

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-¿Qué aprendió de todo esto?

“Todo fue muy duro, pero todo era un plan de Dios, quería que yo sacara lo mejor de mí a través de estas experiencias tan amargas y creo que lo logré, hoy me siento muy completa y feliz. Mi relación con mi hijo es extraordinaria y somos muy unidos, nos tenemos el uno al otro”.

-¿Actualmente tiene una pareja?

“No, ya no me interesa, pienso que el sexo es mental y no me da la gana darle mi cuerpecito a nadie. Ahora dedico mi tiempo a la palabra del Señor, a la escritura y a la música; los últimos 10 años me la he pasado con Cristo y son los mejores de mi vida”, concluyó.

 

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