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Vive de darles compañía y cariño por 100 pesos la hora.
Gente Ejemplar
19 de Junio del 2017 por Adriana Góchez / Foto: Enrique Ordóñez

Dejó su empleo y ahora se alquila ¡para ser amigo de los abuelitos!

Vive de darles compañía y cariño por 100 pesos la hora.

En México, el 17 por ciento de las personas mayores de 65 años padece depresión, una enfermedad silenciosa que se deriva de la pérdida de vitalidad y la disminución de funciones y capacidades. Para evitarla, desde hace un año Arturo Hernández dejó su empleo como gerente de mercadotecnia y se convirtió en acompañante de ancianos: los ayuda a realizar actividades cotidianas, platica con ellos, les lee periódicos o libros y ve fotografías familiares.

-Cuéntanos, ¿cómo fue que te convertiste en acompañante de ancianos?

“El año pasado, mi papá, de 85 años, sufrió una caída y en ese momento decidí salirme del trabajo y convertirme en su cuidador primario, pues requería mucho apoyo y atención. Lo ayudo en su alimentación y limpieza, le preparo el baño con tapetes antiderrapantes, lo auxilio para que se rasure, lo vigilo bien cuando sube y baja escaleras; platico mucho con él, leemos el periódico juntos, vemos la televisión, y si quiere ver un noticiario por la computadora, lo apoyo”.

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-¿En qué momento tomaste la decisión de ayudar a otros ancianos?

“Mi padre tuvo un cuidador, y me pareció que su labor fue buena, sin embargo, algunas veces no fue tan cálido, en esa parte de escucharlo, ser paciente y platicar con él; pienso que el trabajo del acompañante se puede complementar muy bien con el del cuidador. Fue así que en diciembre del año pasado surgió la idea de poder brindar este tipo de auxilio a otras personas que lo necesitan, las cuales están solas en sus hogares, les cuesta moverse por sí solas y requieren de alguien que los ayude hombro con hombro para realizar actividades del día  día. De todo lo que he aprendido con mi papá, surgió la iniciativa, quise extender esa vocación de servicio que descubrí que tengo”.

-¿En qué consiste tu actividad?

“Ser acompañante puede ser un trabajo muy satisfactorio cuando buscas que la otra persona se sienta bien, motivada, contenta; uno trata de ponerse en sus zapatos, respetando su independencia, autonomía, forma de ser y, algo muy importante, no invadiendo su espacio”, finalizó.

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-Platíquenos, ¿cómo conoció a Arturo?

“Por medio de un volante con sus datos que dejó en la iglesia a donde voy; lo tomé y luego mi hija ya no pudo traer a mis nietos al futbol; me dijo: ‘mamá, vete en taxi’, entonces fue cuando tomé la información de este muchacho y le hablé por teléfono para que me llevara al juego; nos ha servido mucho, es una persona que me cuida, ve que no me vaya a caer, me agarra del brazo, está pendiente de mí, se involucra con los niños y, si se trata de futbol, habla de eso con ellos”.